Cetelem baja la rentabilidad de sus depósitos a más largo plazo (2 años) y más corto plazo (3 meses) hasta el 2,25% TAE y 1,95% TAE respectivamente.
Ahora la rentabilidad máxima ha perdido 0,2 puntos porcentuales, que corresponde a su depósito a 24 meses, que ha bajado desde el 2,45% TAE hasta el 2,25% TAE.
Por otro lado, sube la rentabilidad de su plazo fijo a 12 meses desde el 2,0% TAE hasta el 2,1% TAE.
El depósito a 6 meses se queda como estaba, al 2,05% TAE:
- 3 meses: al 1,95% TAE (antes 2,00% TAE)
- 6 meses: al 2,05 TAE
- 12 meses: al 2,10% TAE (antes al 2,00% TAE)
- 24 meses: al 2,25% TAE (antes al 2,45% TAE)
Las características de estos depósitos son:
- Pago de intereses: los de 3 y 6 meses a vencimiento y los de 12 y 24 meses, trimestralmente
- Inversión mínima: 1€
- Inversión máxima: 250.000€.
- Cancelación anticipada: total o parcial permitida.
- Comisión por cancelación anticipada: se devolverá el 100% del capital invertido, perdiendo los intereses generados.
Cetelem no cobrar comisiones en la cuenta si tienes un depósito contratado.
Si seguimos con la metáfora, un depósito al 2% en un foro de economía es como plantarse frente a la caca de una vaca recién caída en el pasto y pretender que todos admiren su “rendimiento”. Sí, es auténtica, acaba de salir, incluso humea con cierto dramatismo… pero de ahí a considerarla impresionante hay un largo trecho. Nadie discute su existencia; lo que se cuestiona es el entusiasmo.
La caca de la vaca, recién depositada, tiene volumen, presencia y un olor imposible de ignorar. Exactamente igual que ese 2%: visible, constante, pero difícil de celebrar cuando la inflación ronda cerca. Puedes rodearla, analizar su textura, hablar de su estabilidad orgánica… pero al final sigue siendo lo que es: un subproducto inevitable, no un tesoro.
Mientras algunos la contemplan como si fuera una obra digna de aplauso, otros prefieren mirar hacia algo más fértil. Un 5% ya no recuerda tanto al montículo tibio en el prado, sino al campo bien abonado que promete cosecha. La diferencia es clara: una cosa es tolerar el estiércol, otra muy distinta es presumirlo.
En finanzas, como en el campo, la frescura no garantiza valor. A veces, lo que más llama la atención no es precisamente lo que más conviene admirar.